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Ergoth: el Imperio del Oeste

Por Steve Miller

Más de dos mil años antes del Cataclismo, aproximadamente durante la Segunda Guerra de los Dragones, un poderoso caudillo surgió entre las tribus bárbaras de humanos. Llamado Ackal Ergot, dedicó sus tempranos años de juventud en aventuras en distantes rincones de Ansalon. De acuerdo con la leyenda, él fue el primer humano en muchos siglos en explorar las numerosas ruinas ogras, y en ellas encontró tanto riquezas como poderosos artefactos mágicos, los cuales, unidos a su talento natural para las tácticas y estrategias militares, le permitieron llevar todas las tribus de la parte noreste del continente desde las montañas de Sanction y la frontera de Silvanesti en el este a la costa del mar occidental.

En su septuagésimo cumpleaños, Ackal Ergot, declaró Daltigoth, la antaño fortaleza de un poderoso cacique que dio a sus tropas una importante cantidad de problemas, la capital del imperio ergothiano. Para entonces, las restantes tribu libres en el sur se habían reunido bajo el liderazgo de una mujer guerrera llamada Kharolis. El reino resultante demostró ser el primer desafío serio para los poderosos ejércitos de Ergot.

Tras la muerte de Ackal Ergot, sus hijos y nietos administraron de forma inepta el imperio, oprimiendo inútilmente a sus gentes, y metiéndose en estúpidas campañas militares. La propia hija de Ergot asesino al último de sus hijos. Posteriormente, cuando trató de reclamar el trono, clérigos enfados de Majere, deidad patrona de Ergoth, la mataron. Este hecho, junto con las batallas contra Kharolis, pusieron a Ergoth en el camino de llegar a ser una sociedad ferozmente patriarcal.

Después de dos siglos de liderazgo por mezquinos tiranos y señores de la guerra ineficientes, los cuales apenas mantuvieron al imperio unido, el primer emperador de la dinastía Dermount tomó el trono. Dermount reestableció un fuerte gobierno en Daltigoth, y entonces dejó a un lado la Espada de Ergot e inició el comercio con los elfos silvanestis. Incluso llego a una insegura paz con Kharolis, la cual para entonces había llegado a ser la ancestral enemiga de Ergoth. Durante esta época el imperio intentó reclamar el dominio sobre la nación kender de Hylo, pero finalmente renunció a ello cuando el tesoro imperial no pudo dar con una solución para tasar las esculturas de madera y los frutos secos asados que los kenders seguían enviando como pago de los impuestos. También esta época marca la aparición de los semielfos, ya que muchos humanos y elfos se casaban entre ellos.

El tiempo de la paz terminó cuando una partida de caza ergothiana asesino accidentalmente al gobernante silvanesti, Sithel. Los elfos se negaron a creer que fue un accidente, y en cambio pensaron que los ergothianos estaban intentando volver a su tradición de conquistadores. La guerra estalló, y el conflicto, que fue llamado las Guerras Kinslayer por los historiadores, se prolongó durante casi cinco décadas. El campo de batalla pasó a ser un sangriento punto muerto, y millares de humanos, elfos y semielfos fueron masacrados mientras los ejércitos luchaban de aquí para allá a lo largo de las mismas escasas millas en los bosques del centro de Ansalon. La guerra finalizó cuando uno de los hijos de Sithel, Kith-Kanan, negoció una tregua y forzó a su hermano mayor, Sithas, a permitirle establecer un reino élfico occidental en las tierras en que las peores batallas fueron libradas. Llamado Qualinesti, estas tierras llegaron a ser un refugio para los semielfos, y, cuando el imperio de Ergoth entró en conflicto con el reino enano de Thorbadin, la nueva tierra de Kith-Kanan ayudó a mediar un tratado de paz que llevó a la creación del legendario Tratado de la Vaina de la Espada y la gran fortaleza de Pax Tharkas.

Con una paz permanente establecida entre los Kharolianos, elfos y los reinos enanos, y una relativa comprensión con la nación de Hylo, Ergoth entró en su era dorada, una época en la que muchas de las que son consideradas las formas clásicas del sonido, música y poesía ergothianos fueron creados. Las artes mágicas también florecieron durante este periodo, y mas de un emperador fue o bien clérigo de Majere o un mago túnica blanca. Los vecinos del imperio también se beneficiaron de la paz y la prosperidad de éste, e incluso los más humildes de los siervos vieron sus posesiones incrementadas.

Desafortunadamente, las semillas de la caída de Ergoth como imperio dominante de Ansalon fueron sembradas en este momento. Durante el reinado de Quevalin XI, un mago túnica blanca, se extendieron rumores cada vez más intensos entre la nobleza y los círculos militares acerca de un plan para instigar radicales cambios en las leyes acerca de la sucesión imperial y en la estructura de las legiones imperiales. El más extendido de estos rumores se refería a la pretensión de confeccionar unas leyes con las que sólo aquellos con talento para la magia podrían optar al trono y a comandar las tropas del imperio. Finalmente estos rumores avivaron los fuegos de la rebelión y Quevalin XI fue destronado por Macqui Hellman, comandante de la guardia imperial.

Hellmann fue el primero de un linaje de emperadores cuya incompetencia sólo rivalizaba con la de aquellos que gobernaron en los primeros siglos tras la muerte de Ackal Ergot. La nobleza fue volviéndose mas decadente y codiciosa en sus formas, la gente comenzó a sufrir y consecuentemente a rebelarse, y las relaciones comerciales con sus vecinos comenzaron a deteriorarse. Una nueva unión de ciudades estado encabezadas por la ciudad señorial de Istar emergió más allá del Doomrange para llenar el vacío mercantil. Esto provocó que los nobles de Ergoth se volviesen aun más tiránicos con el pueblo. Finalmente, en el 1241 AC, todas las provincias orientales del imperio se rebelaron contra la opresión y la decadencia que había arraigado en Ergoth. Bajo el liderazgo del visionario comandante y estadista Vinas Solamnus crearon un reino independiente.

El siguiente milenio es una crónica del constante declive a la insignificancia del antaño gran imperio. Istar y Solamnia emergieron como los centros militares, comerciales y espirituales de Ansalon, y Ergoth se volvió tan débil que debía depender de Solamnia para comerciar y protegerse. Sin embargo, una corrupción más grave que la que derribó Ergoth ocupó finalmente Istar. Con la aparición de los Príncipes de los Sacerdotes, Istar comenzó a imponer su voluntad sobre otras naciones de Ansalon usando a los Caballeros de Solamnia como medio para extender el “camino correcto”.

Un siglo antes del cataclismo tan solo los clérigos del Imperio de Ergoth se atrevían a hablar contra el Príncipe de los Sacerdotes, ya que todos los demás, incluída la mayoría de los ciudadanos del Imperio, creían la reivindicación istariana que el Príncipe de los Sacerdotes era el agente supremo de los dioses en los reinos mortales. Cuarenta años antes del Cataclismo un emperador fuerte llegaba al trono por primera vez en siglos.

El reinado de Gwynned VI desafió ferozmente cada uno de los edictos emitidos por Istar, y se dio cuenta de que se extendían rumores acerca de que muchos clérigos ergothianos habían recibido visiones de sus dioses sobre la inminente caída de Istar. Cuando Istar declaró la hechicería ilegal e incremento sus esfuerzos para exterminar a aquellos que veía como “malignos”, el Imperio de Ergoth fue lentamente comenzando a reencontrarse con algo del vigor y la gloria cultural que había conocido 1000 años antes. Poco a poco el emperador comenzó a erigir un ejército para desafiar a Istar. Para este empeño encontró aliados en los elfos silvanestis, y, extrañamente, los Caballeros de Solamnia parecían no apercibir el desafío a la rectitud de sus largos tiempos aliados. Sin embargo, justo cuando la guerra de Gwynned VI contra Istar apenas había comenzado, el emperador murió en extrañas circunstancias. Su hijo, Gwynned VII, fue un alma gentil que realmente despreciaba la guerra y que, temiendo los supuestos poderes divinos del Príncipe de los Sacerdotes, detuvo el avance del ejército. Menos de un mes después sobrevino el Cataclismo, destruyendo para siempre Istar y hundiendo gran parte del Imperio de Ergoth bajo el mar.

El Cataclismo formó un estrecho entre la mitad norte y la sur de Ergoth. Ergoth del Sur cayó bajo el dominio del dragón supremo Gellidus durante la Quinta Era. El Blanco transformó esta tierra de colinas, llanuras y bosques en un frío yermo enterrado bajo nieve, hielo y glaciares. Unos pocos de los anteriores habitantes de la zona se aferraron a las áreas más habitables, como Daltigoth, ahora bajo el dominio de ogros leales a Gellidus.

Ergoth del Norte se ha beneficiado de estos tiempos atribulados experimentando un incremento de su población, la cual, aunque siguen adorando a los viejos dioses en su mayoría, ha visto como otros se han adherido a la Ciudadela de la Luz. Ergoth del Norte es gobernado desde su capital, Gwynned, por su emperador, Mercadior Redic VI.

Para más información acerca de los primeros días de Ergoth lee la primera novela de la trilogía de Ergoth: A Warrior's Journey, de Paul B. Thompson y Tonya C. Cook.

Traducido por Artemis2