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Perfil de Personaje: Ulric Uth Winfred

Los años posteriores al Cataclismo fueron los peores para la Orden Solámnica, culpados por su propio pueblo de los desastres que sucedieron tras la caída de la montaña de fuego, comenzaron muy pronto a ser perseguidos y atacados por aquellos a los que habían protegido durante siglos. Esa situación fue generalizada en toda Solamnia y la familia del héroe Sturm Brightblade no fue la única que padeció los desmanes de la época ni la única que tuvo que abandonar su hogar y exiliarse.

A pesar de todos los problemas, atrincherada en sus feudos o escondiéndose entre la población, buscando mejores recibimientos en lugares alejados de su patria o, simplemente, resistiendo con estoicismo, los solámnicos nunca perdieron la esperanza de que llegaran tiempos mejores y la Orden nunca llegó a desaparecer.

Ulric Uth Winfred fue uno más entre todos los caballeros que sufrieron la persecución de sus conciudadanos. Su familia poseía tierras al norte de Solanthus, un castillo que estaba en pie desde los tiempos de Huma y que Ulric nunca llegó a conocer, sus padres tuvieron que escapar de él unos meses antes de su nacimiento y, cuando muchos años más tarde Ulric buscó y encontró el lugar en el que se había asentado el hogar de sus padres sólo encontró piedras ennegrecidas y tierra quemada llena de malas hierbas, nadie había intentado aprovechar el terreno para asentarse en él o cultivar, como si el haber sido en el pasado un lugar habitado por solámnicos llevara consigo una maldición.

La infancia de Ulric transcurrió en los caminos, viajando de una ciudad a otra, de un pueblo a otro, estancias en casa de amigos tan perseguidos como lo eran ellos. Noches pasadas junto a chimeneas encendidas y relatos de leyendas tan lejanas que no parecía que hubieran sido nunca realidad. El pequeño Ulric nunca llegó a comprender porqué, cuando tenían la oportunidad, los solámnicos continuaban ayudando a los que ferozmente los perseguían.

El día de su ingreso en la Orden no se sintió orgulloso ni emocionado como lo estaba su amigo Ewan, Ulric estaba cumpliendo su deber hacia su familia y hacia la tradición y, justo después de pronunciar la frase “Mi honor es mi vida”, Ulric se preguntó qué era el honor. No cometió el error de preguntarlo en voz alta, se lo preguntó a Ewan un tiempo después, cuando sus labores de escudero lo hacían soñar juntos con las heroicidades que harían para devolver a la Orden Solamnica al puesto que merecía dentro de la sociedad.

Los sueños de Ewan nunca cambiaron: ser un perfecto caballero haría perfecta la Orden. Ulric nunca tuvo esos sueños, la Orden sería grande como lo fue en el pasado porque debería serlo, no porque sus hombres fueran los mejores. Sus hombres ya eran los mejores en tiempo de su padre y no había cambiado nada. El mundo no iba a cambiar ni él sería nunca un héroe. Su bigote solámnico creció y ascendió al rango de caballero, la primera vez que caminó por las calles de la ciudad con su armadura puesta le arrojaron tomates podridos.

Su vida podía haber seguido así eternamente si no se hubiera cruzado en su camino una enana llamada Thera. ¿Cuántos artículos de la Medida violaron Ewan y Ulric dejándose llevar por ella? Ulric no lo sabía, se marchó antes del juicio, sin esperar a ver la vergüenza reflejada en el rostro de sus padres. Ewan estaría allí, escuchando con estoicismo todos los reproches. Ulric no estaba dispuesto a ello, la Medida no regía su vida, nunca lo había hecho y no sentía ningún remordimiento de haberse saltado sus preceptos. Sabiendo que no tenia claro lo que quería hacer con su vida y que tal vez se estuviera equivocando, escondió su armadura en un lugar seguro y se afeitó el bigote que había llevado hasta entonces más como un gesto de desafío que de orgullo. Comenzaría una vida nueva, buscaría un destino distinto. Sin saber como empezar ni qué hacer, ofreció su espada como mercenario y consiguió empleo junto con otro grupo de hombres para exterminar una tribu de goblins que masacraban los pueblos de la zona.

La vida como mercenario no era tan distinta de su vida como solámnico, no hablaba con nadie de su pasado pero continuaba estando allí, como una losa que por más que se esforzaba no conseguía quitarse de encima. Trabajó duro durante todo un año para descubrir que su vida seguía estando vacía y que aquello que estaba en su interior que pugnaba por salir a la superficie continuaba estando oculto. Se había dejado llevar, durante toda su vida lo único que había hecho era dejarse llevar. Cuando decidió que quería dejar el trabajo se encontró con que no sabía qué hacer ni adonde ir, no había normas que seguir, no había leyes que obedecer, no había nada. Un día, cuando ya casi había decidido pasar otro verano persiguiendo goblins por las montañas, recibió una carta de su amigo Ewan. En ella le decía que, si decidía cambiar de trabajo, Thera lo esperaba en Sanction.

Lee "Sanction", primer volumen de "Tiempos Oscuros" de Raelana, para saber más sobre Ulric y el resto de los personajes aquí mencionados.

Autor: Raelana